martes, 25 de octubre de 2011

¿Y POR QUÉ NO HACEMOS ALGO EN EL SALÓN?


¿Cuánto dinero dedicas al año a mantener tu coche, y cuánto dedicas a mantener tu casa? Es decir, ¿cómo cuidas tu coche y cómo cuidas tu casa? O cuánto tiempo, atención, cariño… les dedicas a cada uno.
Evidentemente, si no tienes coche es un ejemplo malísimo, pero creo que la idea queda clara; lo que no queda muy claro es porqué llevamos el coche al taller por un pequeño raspón, o porqué somos tan exigentes al ir a un restaurante o a una tienda, y al llegar a nuestra propia casa nos conformamos con cualquier cosa… Al fin y al cabo decía Kahn que la casa es el lugar donde se tienen que hacer realidad nuestros sueños y aspiraciones. Y Goethe que para conocer a la gente hay que ir a su casa.

Nos encontramos muchas veces con personas que al plantearse reformar su casa piensan en tener la casa en la que vivían con sus padres. Pero la casa que acaban de comprar no tiene ni el mismo tamaño, ni les ha costado lo mismo.
Aunque es más importante todavía que hoy en día no vivimos de la misma forma que vivían nuestros padres.No tenemos que empezar pensando qué aspecto tiene que tener nuestra casa, sobre la distribución existente, hecha pensando en la forma de vida de los años 50 (por ejemplo), y mezclando todo eso con la cocina que teníamos en la casa de la playa, y una foto sacada de una revista del pasillo de una granja de Nebraska.

Tenemos que tener muy claro QUÉ queremos (y qué tenemos), y luego ya pasar al CÓMO lo hacemos.Pequeñas intervenciones como abrir un hueco en un tabique permitiendo que llegue luz natural a un pasillo oscuro, unir espacios con grandes puertas correderas en vez de con “la típica puerta”, separar la cocina con vidrio… o simplemente convertir una pared en una estantería adaptada a nuestras necesidades, son intervenciones controladas que, con poco dinero, pueden hacer que cuando llegues a tu casa te sientas como en un Rolls Royce.